lunes, 3 de septiembre de 2007

Closing Time

Viajando durante el verano por el norte de este país, nos dejamos caer por el pequeño pueblo de Villablino, en el precioso valle del Sil. El valle y el pueblo habían sido refugio de mineros durante muchos años, y así lo atestiguaban los horadados regazos de las montañas. Las grandes canteras que en otros años habían albergado a cientos de trabajadores no eran ahora más que paredes tiznadas, cristales rotos y habitaciones vacías. Aquellos vestigios quedaban grotescamente grandes para la corta docena de trabajadores que ahora se afanaba en apilar algo de carbón.

Tras esa desoladora imagen llegamos al pueblo mismo, a Villablino, que por su posición corona el valle y lo preside. Había en él una estación de tren. Una estación de tren en la que se podían ver los mismos fantasmas que habían recorrido nuestra mente al observar las abandonadas canteras. Más cristales rotos, unas vías viejas apenas transitadas... y un reloj. Un reloj roto o, mejor dicho, destrozado, marcando las diez menos veinte (¿y por qué se paró en esa hora, justo en esa hora y no en otra?). Y junto a la estación, un barracón pequeño, también tiznado y mal iluminado por una bombilla que cuelga del techo; un barracón habitado por un ser que dan por llamar hombre y cuya función nadie puede ser capaz de entender (como tampoco pueden entender que sus únicos entretenimientos sean el Interviú y una radio machacada).

DECADENCIA. Esa es la palabra que definía todo aquello. Y es la palabra que define un fin de ciclo. Y la historia, cada cierto tiempo, nos brinda un fin de ciclo. Y me da en la nariz que estamos en el fin de uno, aunque ese fin vaya a durar unas décadas. Y a nosotros nos tocará cerrar. Sí, es hora de cerrar. Y es por eso que el blog se llama, a partir de ahora,

CLOSING TIME

Sí, hora de cerrar esta época que ya decae, esta época de canteras abandonadas y relojes rotos. Esta época de la que nosotros mismos formamos parte. Y es por eso -porque también nosotros somos parte de esta época decadente y decadentista- por lo que nos toca cerrarla, y no abrir la siguiente. Me considero demasiado decadente y decadentista como para pensar que soy adalid de un nuevo tiempo. Eso se lo dejo a otros. Mientras tanto, lo que toca es cerrar.

6 comentarios:

Counter-Revolutionary dijo...

Felicito a todo aquel que se declare decadente, y también a todo aquel que se declare decadentista, ¿pero no crees que anunciar el crepúsculo es casi ya anunciar la aurora?

Francis dijo...

Desde luego que sí, tienes razón... pero yo, como ya he dicho, creo que soy de los del "Closing Time" y no de los del "Opening Time"; esos afortunados serán otros.

Agus dijo...

Buena transición. Qué viva descripción. Qué fotos más chulas.

Terzio dijo...

Me alegro que hayas quitado el putón verbenero del súcubo (o era un íncubo?); la cabecera mejora bastante con ese nuevo look (es como el reloj de "Solo ante el peligro", pero con pedrada y el cristal cascado).

Lo del decadentismo y demases, a discutir (¿el decadentismo sentimental va de pareja con una moral decedentista?).

Yo pienso que es más interesante ser de los que cierran época/abren siglo, que estar encajados en su mitad.

¿No?

+T.

Ángel dijo...

No me queda del todo claro qué es lo que cierras con ese decadentismo, pero supongo que abrirás algo que, por cierto, tampoco sé qué es.

¿Y tú?

Counter-Revolutionary dijo...

¿Y por qué no, al mismo tiempo, cerrar una época y abrir otra, Terzio? De hecho, no sé me ocurre otro modo de abrir una época que cerrando otra, y viceversa. El problema es que no sólo vivimos la decadencia de una época, sino una época de decadencia. El decadente, creo yo, es el que ve la decadencia y adopta una posición de entre profeta a rebours y gato en un diván.