Creo que me voy a mudar. Tener un blog siempre me ha costado un trabajito (no mucho, pero algo). Tener dos blogs sería demasiado, creo. No desaparezco, sino que a partir de ahora me centraré en otro blog: "The Eagle and Child".
"The Eagle and Child" es el nuevo blog de Perkeo. Me parece que la mayoría de los que leéis este blog ya conocéis Perkeo. En caso de que no (y de que sí también, qué narices), os informaré de que Perkeo es una revista literaria (o, más bien, un movimiento cultural que además publica una revista literaria) que acaba de ver el número 19. Se puede ver en www.perkeo.es. Hay cosas muy interesantes en este nuevo número (como la entrevista al director de Poesía Digital: www.poesiadigital.es). Pero el punto fuerte del mes es el estreno de una nueva sección: el blog "The Eagle and Child".
Será un blog colectivo en el que escribiremos el director de Perkeo (Luis), el redactor-jefe (Agus) y un miembro del consejo editorial (yo mismo). Al blog se puede acceder a través de la web de Perkeo.es, veréis el enlace a la derecha. Os invito a que os paséis de vez en cuando por ahí.
domingo 5 de octubre de 2008
The Eagle and Child
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Etiquetas: Literatura
jueves 2 de octubre de 2008
Primer día (otra vez)
Otro año más, empieza la universidad. A mí ya se me antojaba necesario volver. Ahora veo que era más necesario de lo que creía, porque la universidad (o su rutina, o sus aires) despierta en mí algo bueno, por tonto que parezca.
Todo lleno de gente. Madrid lleno. Otra vez. Tren a las ocho de la mañana, pero a mí nadie me quita mi lectura: un librito, unas páginas, un mirar por la ventana y pensar que el día, así empezado, bien empezado está. A la salida del metro, Ciudad Universitaria, todavía no luce el sol: son las ocho y media. Hay una luz tibia, como del último momento del crepúsculo. Una luz que sabe a fresco, a mentes cansadas y aún pastosas, el mejor momento para las cabezas despiertas que van captando ya pequeñas imágenes con sus retinas. Pasas por debajo de los álamos de la Avenida Complutense y sientes que te protegen, que esos árboles que te llevan viendo pasar todos estos años (y a cuántos más habrán visto) sienten cierto afecto hacia ti porque tú te fijas en ellos y les agradeces que existan.
En clase, las profesoras (ellas copan mis optativas) hacen la presentación de las asignaturas y se dejan oír ya algunos nombres una vez más, viejos conocidos: Bassols, Monteil, Erasmo, Dante, Petrarca, Vives, Homero, Justiniano, Chantraine, Arnout, Mariner, Fontán...
Por los pasillos, mucha gente. Se me antoja que demasiada. Es el primer día, luego algunos se desinflan o simplemente son absorbidos por los ladrillos de la facultad para aparecer en una cuarta dimensión.
En cualquier caso, termina el primer día con la satisfacción de que la rutina vuelve y no está mal. Pero no es la rutina. Es el contenido de la rutina. O quizá ni siquiera sea eso. Quizá sea la visión de la rutina. Otros ojos. O mejor: los mismos ojos, otra mirada.
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Etiquetas: El diario vivir
miércoles 1 de octubre de 2008
Propósitos del nuevo curso
Yo no hice propósitos de nuevo año o de año nuevo. Los hago ahora que llegan los coleccionables de septiembre. Y, para regocijo de mis lectores [risas de fondo, en plan sitcom americana]... supongo que alguien me leerá, ¿no?... [silencio persistente, mirada desesperada a la cámara esperando una respuesta y, tras unos segundos, de nuevo las risas de sitcom americana].
Total, lea alguien esto o no, yo los pongo por escrito aquí y así no se me olvidan. Ojo, que los voy a cumplir, así que ya os podéis ir preparando.
-Sacar la primera Matrícula de Honor de la carrera (y, a ser posible, que no venga sola, pero eso ya es otro cantar).
-Echarme novia.
-Viajar a Oxford una vez más.
-Releer Retorno a Brideshead y Los cuadernos de Malte Laurids Brigge una vez más.
-Leer El Quijote.
-Decir a familiares y amigos que les quiero sin necesidad de estar borracho.
-Crear una máxima filosófica irrebatible y después escribirla con rotring rojo y rima en la puerta de un lavabo público.
-Escribir, al menos, un cuento al mes.
-Empezar a escribir por fin una novela (lo cual no significa terminarla este año).
-Visitar el Museo del Prado al menos una vez al mes, aprovechando que es gratis para menores de 25.
-Ver amanecer tras haber pasado la noche en vela más a menudo.
-Ganar algún premio de algo.
-Comprar de vez en cuando chucherías para mis sobrinos.
-No correr nunca a por el autobús, el metro o el tren.
Fecha tope para cumplir con los propósitos: la del último examen de junio.
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Etiquetas: El diario vivir
lunes 29 de septiembre de 2008
Un verano peculiar
Este verano ha sido el más raro y el más normal. No he salido de España, lo cual sería normal, pero después de haberlo hecho en los dos últimos veranos (siempre a costa del dinero que el Estado me había proporcionado), me ha resultado casi asfixiante estar tanto tiempo aquí metido. Con "aquí" ya no sé si me refiero a España, a Madrid o a la oficina en la que he estado trabajando todo el verano excepto tres semanas.
No me quejo. La última vez que trabajé en verano fue repartiendo publicidad por buzones, bajo el intempestivo sol madrileño de julio, con una botella de agua congelada en la mochila para hacer más ligeras las caminatas. Este año, por lo menos, he estado sentado junto a un ventilador. Pero no he salido de España. Y ya tengo mono.
Una semana en Cantabria, con amigos, a principios de julio. Una semana en el Bierzo, con la familia, en agosto. Y otra semana filosofando en Huesca. No me quejo. Y, en septiembre, un examen: la primera vez que he tenido que hacer un examen en septiembre. Siempre hay una primera vez para todo, dicen. Pero yo no me quejo.
Ahora ya hay ganas de que empiece el ritmo normal. Pero no me quito de la cabeza que este verano no he salido de España. Pero no me quejo: en febrero estuve en Grecia y, en noviembre, me espera un fin de semana de vuelta en mi Arcadia más perfecta: Oxford. La vida es generosa y, ahora que comienza un nuevo curso, quizá sea el momento de plantearse los objetivos a cumplir este año. Pero eso lo dejo para otro artículo. Ahora, de momento, no me puedo quejar.
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Etiquetas: El diario vivir
martes 16 de septiembre de 2008
Inteligencia madrileña
Leo en Europa Press que Albert Boadella ha sido fichado por la Comunidad de Madrid para dirigir el Teatro del Canal de Isabel II, lo cual no ha dejado a nadie indiferente. Le han caído duras críticas (por supuesto, todas ellas provenientes de Cataluña). Además, Esperanza Aguirre hará público el nombramiento durante el Debate sobre el Estado de la Región. No es lista ni nada.
Boadella se defiende sus críticos catalanes diciendo que en Madrid es donde siempre ha triunfado más el teatro de 'Els Joglars', no así en Cataluña, lo que Boadella justifica en la "actitud cerrada y hostil" de Cataluña hacia su trabajo.
De hecho, ahondando más en lo mismo, el diputado de Ciutadans en el Parlamento de Cataluña, Antonio Robles ha dicho que Madrid está demostrando que "es más inteligente de lo que parecía". "En cuatro días, ha pasado de ser un poblacho de La Mancha a centro neurálgico". Ni más ni menos. Pero dice más: dice que eso lo ha conseguido Madrid porque "no pone barreras, no excluye a nadie e invita a todos a participar". Y sigue (copio tal cual de la noticia de EP):
A eso lo llamo yo todo un rapapolvo para los nacionalistas.Para Robles, una de las características de la manera de hacer política de los nacionalistas es que "excluyen a la gente", lo contrario de lo que ha pasado en Madrid, que acogen a todo el mundo "sin pedir el carné de residencia". "Sólo le han pedido el carné de persona preparada y con capacidad", continuó.
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Etiquetas: Comentarii
viernes 12 de septiembre de 2008
W.
Definitivamente, no me perderé esta película de Oliver Stone.
Y unas declaraciones de Josh "W" Brolin, el actor que encarnará al Presidente:
http://www.whudat.com/newsblurbs/more/josh-brolin-talks-w-the-other-stuff-isnt-a-story-trailer-1680728081/
Y una entrevista:
http://www.ew.com/ew/article/0,,20199032,00.html
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martes 9 de septiembre de 2008
Inmigrante
Ante las reitaradas súplicas (sólo una, y de un anónimo) de que volviese a escribir en el blog, voy a ello. Podría decir que el tiempo transcurrido desde mi último post ha sido el de mis vacaciones veraniegas y que no he tocado un ordenador en todo este tiempo, pero mentiría.
Hoy, 9 de septiembre -aniversario de boda de mis padres y festividad en Madrid capital- debía trabajar por la tarde. En el Metro, antes de llegar a Plaza de Castilla: "¿Qué miras?", dice el chico que tengo al lado. Se lo dice al que se sienta enfrente, un joven sudamericano. Yo, al principio, pienso que se conocen. Pero no.
-¿Qué dices? -pregunta el sudamericano.
-Que qué miras -repite el chico blanco-. ¿Te molo? Deja de mirarme.
-Pero, ¿qué dices? Te miro porque estás enfrente.
-No me mires.
-Si no te gusta que te mire, búscate otro asiento, que el vagón es bien largo -y señala el tren de parte a parte (es de esos que tiene los vagones unidos), con muchos asientos vacíos.
-Que no me mires.
-Anda y que te den, pendejo.
Siguen así un rato, hasta que se dan cuenta de que están más o menos repitiendo lo mismo, y finalmente el joven sudamericano suelta por lo bajo un "Racista de mierda". Yo al lado, sin dar crédito a toda la estúpida escena que estoy viendo. Con ganas de reírme de lo absurdo que resulta el cuadro, miro al chico blanco, pensando que debe estar atontao. Pero llegamos a Plaza de Castilla, y tanto yo como el sudamericano nos bajamos.
Subo las escaleras mecánicas. En ese momento, un negro recoge su "manta" con mucha tranquilidad mientras el vigilante de seguridad se acerca andando con cara de padre que regaña a su hijo.
-Ey, ¿estabas ahí? -le dice el negro mientras recoge la manta, como quien juega al escondite y se sorprende de que le hayan encontrado.
-Lo que no sé es que haces tú ahí -le responde tranquilamente el vigilante, de nuevo como un padre.
-Sólo diez minutos, hombre, a las cuatro me voy -le dice el negro amigablemente.
-Tú intentas hacer tu trabajo, pero yo hago el mío, hombre -le responde el vigilante.
En el pasillo, varios negros más esperan con sus mantas en la mano el momento en el que el vigilante desaparezca por un minuto para ver si consiguen vender un bolso, un DVD, unas gafas, una pulsera o cualquier otra cosa. Y me imagino que quizá hasta sean amigos y todo, el vigilante y los "manteros". Que quizá se pongan a hablar sobre cómo está "la parienta", cómo van las ventas o cualquier otra cosa. Pero eso ya son imaginaciones, yo sólo he visto lo que he visto.
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Etiquetas: El diario vivir
miércoles 25 de junio de 2008
El Grafitero Diccionario
Los grafiteros, como todo en esta vida, se pueden dividir en tipos. La mayoría de los grafiteros es gente con carencias afectivas que tiene que ir sellando su alias por paredes, suelos, bancos y farolas. No sé, carencias afectivas o quizá se trate de una reafirmación de la personalidad, o incluso de una segunda personalidad (eso de poner seudónimos al estilo de Medi, Coke, Roko, Zhuma, Rei, sugiere una segunda vida en la que son conocidos así en lugar de como Carlos, Juan, Alberto...). A este tipo podríamos llamarlo 'grafitero compulsivo'. Luego hay una minoría de grafiteros que son 'artísticos': minoría absoluta. Después están los 'grafiteros de denuncia social y política', muy conocidos, especialmente anarquistas, comunistas, okupas y militantes de algún partido político, que llenan nuestras paredes públicas de eslóganes y frases normalmente cargadas de sinsentidos o mentiras.
No podríamos olvidarnos de los 'grafiteros enamorados', aquellos que llenan una pared repitiendo treinta veces "Laura te amo"; los más cursis, lo rodean con un corazón gigante. Supongo que éstos no son grafiteros habituales y que no gozan de una gran aceptación en el clan de los aerosoles. También existen los que podríamos llamar 'metagrafiteros' o 'grafiteros autocríticos', que son tipos con un gran sentido del humor y que ponen en alguna vieja pared entre la estación de Entrevías y Atocha: "Todos los grafiteros son hijos de puta".
Pero el tipo más curioso es el 'grafitero didáctico'. En mi barrio hay uno que podríamos llamar el Grafitero Bilingüe o Grafitero Diccionario. Todas sus pintadas, caracterizadas por las mayúsculas y una tinta roja que se descorre a goterones por la pared, esparcidas por todas las calles del barrio, son tan simples como una palabra en inglés, un signo igual y la traducción al español. BAG=BOLSA, HUNGRY=HAMBRIENTO, KIND=AMABLE. Todas de una corrección asombrosa, nada de palabras malsonantes ni expresiones vulgares. Podríamos deducir que se trata de un profesor de inglés frustrado, o quizás simplemente una especie de vengador nacional harto de ver cómo nuestros niños salen de las escuelas sin saber una palabra de inglés. Ahora todo eso se acabó: ¡aprenda inglés con 'el Grafitero Diccionario'! ¡Y gratis!
Estoy esperando el momento en que el susodicho empiece a construir estructuras más complejas y uno pueda leer, al salir del supermercado, al bajar del autobús o al darse un paseo por las aceras del barrio, algo como "I WISH YOU A HAPPY DAY=LE DESEO UN FELIZ DÍA" o quizá tan sólo "MY TAYLOR IS RICH=MI SASTRE ES RICO", mientras la tinta roja se descorre a goterones por la pared.
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Etiquetas: El diario vivir
domingo 22 de junio de 2008
Sábado
Suelo poner el despertador también los fines de semana; pero lo hago más como seña de precaución que como un intento real de madrugar. De hecho, siempre suelo despertarme antes de que suene. Además, ahora, con el calor de la noche veraniega -te quitas la camiseta del pijama y abres la ventana para dejar que entre algo de fresco que te reconforte del calor pegajoso, te tumbas en la cama bocarriba, estirado y con los ojos totalmente abiertos, dando por hecho que el calor te ha ganado la partida y que no te dormirás hasta que el sueño sea más fuerte, mucho más fuerte, que el bochorno nocturno-, ahora, decía, con el calor de la noche veraniega que se extiende hasta la mañana siguiente, uno ya no es capaz de dormir más allá de las nueve y pico, como sí lo sería en los buenos tiempos de las mañanas de invierno al rebujo de una colcha espesa y calentita.
Así pues, la mañana del sábado es más larga que otras veces (a las ocho y pico estoy de pie) y la paso tratando de trabajar un poco delante del ordenador, con ese cuento de un tal A.F. que me tiene atascado (tengo que hacerle un comentario completito, mucho más largo que el propio cuento). Después de un rato hablando de los mecanismos narrativos del cuento de marras, me canso y agarro el libro de McEwan que estoy leyendo ahora y que precisamente toma su nombre del día que da título a esta entrada.
La tarde es apacible en casa del hermano y su mujer, con refrescos, unos sándwiches del Rodilla y conversaciones aleatorias sobre todo un poco: política, fútbol, economía, asuntos familiares, las últimas novedades personales... Amalgama que termina con un vaso de Bailey's lleno de hielo para paliar el calorcete madrileño y unos vídeos de la sobrina.
Para acabar bien el día, a la casa de la novia de C., donde están los dos cenando comida china y viendo el Holanda-Rusia. "Prórroga", me recibe C. al abrirme la puerta mientras aún termina de tragar un trozo de pollo agridulce. "Bien, llego para lo emocionante", le respondo mientras avanzamos por el pasillo hasta la habitación que suelta las voces amortiguadas de los comentaristas. Nos ponemos un poco al día -lo justo, ya nos vimos dos días antes- y vemos los dos goles de Rusia. C. grita de contento, pues está más pensando en la posibilidad de jugar contra ellos en semifinales que en el partido del día siguiente. A mí, en realidad, me da cierta pena que eliminen a los holandeses: lo estaban haciendo bien y los veía campeones. A la vez, pienso por dentro que, a pesar de que no soy nada optimista con nuestra selección, me encantaría vivir una euforia deportiva como la que tienen los rusos después de meter esos dos goles que les clasifican para semifinales...
Cuando acaba el partido, intentamos ver una película, pero todo se queda en un intento, pues tras 20 minutos de El Resplandor sin oírse los diálogos (aunque sí la música) y siguiendo la película por los subtítulos, C. suelta ya sin poder contenerse que aquello es absurdo. Coincidimos los tres, nos servimos un oporto y acabamos viendo Heat, que está por la tele y se oye bien (aunque para cuando la ponemos, un tiroteo formidable con automáticas, Robert de Niro está ya en la cuerda floja y Al Pacino se vislumbra como el vencedor de la película). Ni siquiera terminamos esta película, pero ya da igual, hemos tenido un buen rato de fútbol, conversación, oporto y un helado. ¿Para qué más?
El sábado termina como empezó, en la cama sin la camiseta del pijama, tumbado bocarriba con los ojos abiertos, esperando a que el sueño sea más fuerte que el calor que se agolpa en la habitación.
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Etiquetas: El diario vivir
jueves 19 de junio de 2008
El diario vivir o "el verano ya está aquí"
A veces, nos olvidamos de nuestra vida en los blogs, tendemos a comentar cosas que ocurren por ahí, que dicen que ocurren por ahí. Digamos que es normal, porque uno piensa que su vida es poco interesante, que a quién puede interesarle unos comentarios de unos hechos que más o menos se ha de suponer que han ocurrido porque nos los cuentan a través de una pantalla. Entonces comentamos cosas que pasan por ahí, cosas que nos dicen en los medios de comunicación, y de las que hacemos corrillo de debates y discusiones, hasta a veces nos queremos identificar con aquello o con lo de más allá...
¿De verdad nuestra vida no es suficientemente interesante como para ocupar píxeles en un blog? Rilke decía, en una de sus sabias cartas: "Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza". Saber mirar, "aprender a ver", como volvía a decir el alemán, esta vez en Los cuadernos de Malte Laurids Brigge. Eso será ser escritor, ¿no? El diario vivir...
Y mi diario vivir de hoy se resume en el comienzo del verano. El poner el punto final en ese examen ha sido un "hasta septiembre". Y salir por los pasillos de la facultad, por la cafetería, y cruzar esas palabras tan prometedoras con el resto de gente: "y bueno, ¿qué vas a hacer este verano?". Así, de primeras, llegar a casa y ponerme los pantalones cortos para inaugurar oficialmente el verano. Los desenfundas (ya llevaban sin salir del cajón desde el verano pasado), te los pones y dejas que el fresco que conserva el hogar se cuele por los muslos. Sabes que tienes la tarde por delante, sin prisas, porque hoy has inaugurado el verano, aunque las terrazas ya sabían que te andabas preparando: el bar Reñones ya te había visto sentarte en sus sillas metálicas y tomar un café con hielo, ese ritual único del estío, mientras te tomabas un respiro en el estudio.
Y aunque mañana empiece a trabajar, por lo menos es algo diferente, y ese cambio también es una señal más: el estudiante que trabaja en verano. Y ya se empiezan a oír los primeros planes sobre el fin de exámenes, que si una fiesta en casa de ésta, que si una cena organizada por este otro, que si hay que comprar los billetes para el viaje de una semana a tal sitio, que si que si que sí, que ya es verano. Porque vas en pantalones cortos, y por muchas más cosas, supongo.
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Etiquetas: El diario vivir
